Yauhar: “LA ARGENTINA TIENE MÁS DE UN FEMICIDIO POR DÍA Y VA EN AUMENTO”


Los casos de femicidio son diariamente noticia, invaden los medios de comunicación y las redes sociales, haciéndose eco minuto a minuto de casos de violencia y muerte.
Leemos perplejas y con un nudo en el estómago los últimos casos de femicidio, sintiendo en lo más profundo de nuestro ser que nosotras mismas podríamos ser protagonistas o nuestras hijas, nuestras amigas o vecinas, cada una de nosotras somos un blanco posible.
La masacre de Hurlingham, de Florencia Varela, el doble femicidio de Punta Lara, solo por citar algunos casos, parecen pertenecer a un pasado lejano, porque injustamente todos los días morimos una y otra vez.
Las muertes por femicido son alarmantes, si bien no hay cifras oficiales, las últimas estadísticas que se dieron a conocer por el Instituto de Políticas de Género “Wanda Tadei”, en el mes de febrero, indican que en 43 días transcurridos del año en curso se asesinaron a 57 mujeres. Crímenes brutales cometidos por varones que tienen un sentido de pertenencia hacia las víctimas, como si fueran objetos de su propiedad
En una sociedad que aún protege al perpetrador e intenta mantener a la mujer sujeta y controlada bajo el modelo patriarcal, que se alimenta de discriminación, de impunidad y de silencio, no debemos mirar hacia el costado ni permitir tanta impunidad, ni estar ausentes en la protesta ni mucho menos en el accionar concreto de reclamar justicia.
No se trata solo de quedarnos en el reclamo, debemos trabajar en la prevención y sobre todo en la concientización de las niñas, jóvenes y adultas que ante el menor atisbo de violencia deben pedir ayuda y como sociedad saber escuchar el pedido.
A lo largo de tantos años de lucha por la igualdad de los derechos de la mujer, desde los albores de la humanidad hay un trato abusivo, que desde hace algunos años a esta parte se ha visibilizado, pero debemos reconocer que hay mujeres protagonistas, artífices de la historia, que hablaron sin tapujos de estos temas, quienes han dejado una marca como defensora del empoderamiento femenino, entre ellas no podemos dejar de recordar a Florentina Gómez Miranda.
Esta mujer que gracias a su ferviente vocación, su dignidad, honestidad y absoluto compromiso social nos marcó un camino, nos alentó, nos dio confianza en nosotras mismas, nos enseñó a tener vos y voto en una sociedad sumida en una institucionalidad machista, siendo una convencida de la igualdad de género y de la necesidad de reivindicar el rol de la mujer más allá de lo establecido.
Las cifras de femicidios en estos últimos años son concluyentes no pueden obviarse de ninguna manera, no podemos ni debemos permitirlo, debemos concientizar, educar, revelar al mundo que existe un problema sin resolver, hoy existen miles de mujeres que son agredidas, violadas, mutiladas y asesinadas permanentemente.
Un muro de violencia hacia la mujer se ha establecido, que debe ser derribado, debemos construir sanciones reales y no simbólicas, instalar herramientas que sean concretas indispensables para la transformación social que termine de una vez por todas con la opresión y muerte de las mujeres.
Nada de esto lograremos sino con esfuerzo, compromiso y políticas públicas que realmente protejan a las víctimas. Una voz no basta, diez voces tampoco, necesitamos miles, millones de voces que defiendan y ayuden a las desprotegidas, en una sociedad que debe comprometerse para que muchas mujeres tengan un futuro, para que muchos niños no se queden sin madre, que muchos padres no se queden sin sus hijas.
Hay que enseñar a desaprender las distintas formas de violencia que hemos aprendido a aceptar como sociedad, a habituarnos como si fuera cotidiano. No! No es cotidiano! La violencia machista mata. Nos esta matando!!

La violencia de género, la violencia contra la mujer es un problema social, nadie es ajeno. La violencia nos atraviesa y se expresa en diversas formas en los ámbitos en donde la mujer se desenvuelve.

En el caso de niñas, niños y jóvenes vemos una escalada de violencia en el ámbito educativo, por ello cabe preguntarse ¿cuál es o debería ser el papel de la educación en este fenómeno social?. La educación es un eje central de trabajo y prevención desde el aprendizaje, que no solo es una responsabilidad para las entidades educativas, también debe abrirse y trabajar mancomunadamente con los estudiantes, padres, autoridades, instituciones intermedias y medios de comunicación, entre otros.

Resulta imprescindible fomentar las relaciones de corresponsabilidad para abordar las soluciones y la corresponsabilidad que tiene que ver con la participación, con el diálogo, la escucha y el compromiso de toda la sociedad.

“Enseñar a aprender”, que la igualdad tiene que ver con comprender que el otro es diferente a mi y tiene el mismo derecho a ser amado, respetado y aceptado con sus diferencias. Aprender que somos iguales en nuestras diferencias.

No claudiquemos en la lucha, no a la violencia, no al femicidio, por ellas, por nosotras, por una sociedad más justa. No permitamos una muerte más, no dejemos de exigir por la protección de los derechos que nos son propios. No dejemos que la sociedad quede muda, la justicia ciega, el Estado al costado. Pongamos la voz en alto. Pongamos la lucha en nosotras, todas somos todas, vos, yo. Porque si te duele, me duele, nos duele.

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