MAREA VERDE IMPARABLE… ¿HASTA DONDE Y HASTA CUANDO?


MAREA VERDE IMPARABLE… ¿HASTA DONDE Y HASTA CUANDO?

Inquietud, incertidumbre. Sensación de “deja vú”. Ansiedad por lo que se vive y abierto temor por lo que viene. “El que apuesta al dólar, pierde” decía el caradura Lorenzo Sigaut, ex ministro de economía de un gobierno de facto. ¿Y el que apuesta al peso, qué…?: se joroba por iluso.
“La danza del dólar” se baila con la melodía de la mas salvaje inflación. ¿Por qué no “desdolarizan” la economía? puede preguntar un distraído y como respuesta solo recibirá silencio.
El mismo que se percibe por los pasillos de un gran macro-mercado de la comarca, sin compradores a la vista. ¿Es que todos se quedaron frente a los televisores para ver como subían el dólar, las tasas de interés, el riesgo país y la presión arterial de los sufridos ciudadanos?
Perdimos la cuenta cuando pasó de 35 a 39. Empezamos a horrorizarnos cuando llegó a 40. Siguió subiendo y tuvimos esa sensación de inexorabilidad, de cosa inapelable y definitiva que ya no nos importó adonde iba a parar todo. “¡¡¡Esto se va a la merde!!!” diría uno que todavía no quiere putear con toda la fuerza de sus pulmones pero que siente que está siendo suave en su análisis.
Ni corridas, ni corralitos. Ni vendepatrias, ni esclarecidos. Ni Newman, ni el resto. Ni hambre, ni muerte. Es hora de no apelar a las antinomias. El “que se vayan todos” es una utopía de trasnochados neo hippies que no le sirve a nadie ni aporta soluciones.
El dólar subiendo de 34 a 37 pesos en pocos minutos, puede entenderse como decisiones erróneas del “mejor equipo de los últimos 50 años” (léase, Club de Ex Alumnos del Colegio Newman donde les enseñaron de todo, menos economía y matemáticas).
La divisa norteamericana rozando los 41 pesos en la misma jornada cambiaria enciende todas las alarmas: no ya por las cifras alcanzadas, sino que por la forzosa mano negra que se adivina manejando al verde en su escalada.
Y en medio de tanta pesadumbre, Lilita, “la inefable” vuelve a demostrar que no sabe callarse. En una situación de crisis imparable, no hay que explicar el poder terrible de las palabras y de la existencia de algunas que no deben mencionarse. La legisladora lo hizo muy suelta de cuerpo: “No va a venir el helicóptero” dijo y todos, sin excepción buscaron tocarse el seno izquierdo o el testículo del mismo lado. Es que Lilita “la inimputable” nunca va a aprender que a los fantasmas no hay que llamarlos…muchas veces vienen solos.
El que tenga la sensación de “cosa ya vista o vivida” tal vez no se asombre por la convocatoria que ronda por las redes sociales. “Cacerolazo hoy a las 20 en Plaza San Martín. #RenunciaMacri” es la convocatoria.
Miedo, amargura, dolor, sentimiento de pérdida, angustia: se entiende el grito desesperado de la gente que quiere exorcizar sus demonios. No se entiende que el hombre que mas poder ostenta en el país, Marcos Peña, diga “no estamos ante un fracaso económico ni mucho menos”, negando la realidad en una imitación del avestruz que por lo menos, es peligrosa.
Mañana (en un futuro inmediato), seguramente, la tormenta se calmará. Habrá un pequeño respiro para secar la ropa y recuperar fuerzas. Y otro vendaval vendrá a preocuparnos. Los argentinos somos los campeones mundiales de la resiliencia: eso lo aprendimos entre lágrimas, curándonos de golpes y quebraduras.


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