LOS SERVIDORES PUBLICOS Y LAS CRITICAS. LOS “TODÓLOGOS” EN SU MAXIMA EXPRESION


No se puede conformar a todos. Esa es una verdad inobjetable. Querer caer simpático, ser querido, es algo muy difícil de lograr porque hay tantas opiniones como gente que las expresa.
Hay profesiones que están siempre en el ojo de la crítica. Enfermeros/camilleros, bomberos, policías, todos son “lentos para acudir a las emergencias, violentos para actuar, nunca solucionan nada” según la opinión de especialistas de ocasión, o mejor dicho, opinòlogos.
“El paso del tiempo es relativo” cuenta un bombero, quien cronometro en mano, se tomó el trabajo de averiguar cuánto tardaron en llegar a un incendio. Menos de 9 minutos desde el llamado de alerta hasta el sitio de las llamas. Los afectados los recibieron a piedrazos, porque “tardaron como una hora en venir”.
Algo similar pasa con las ambulancias. Para el paciente, los segundos se transforman en horas y en la estimación personal “siempre llegan tarde
Los policías tienen exigencia doble: deben ser rapidísimos y tener mano de seda para enfrentar a quien los espera armado hasta los dientes con intenciones de matarlos. Deben hacer gala de una templanza extrema y de un profesionalismo a prueba de todo para bancarse piedras, palos, balas sin reaccionar. Es su profesión y así debe ser. Pero también les exigen que no cometan errores, sin acordarse de que son seres humanos.
Un viejo refrán dice “palos porque bogas, palos porque no bogas” refiriéndose a las críticas tendenciosas o no, intencionadas o no, que indefectiblemente enfrentan los servidores públicos. Hagan lo que hagan siempre habrá alguien levantando el dedo acusador.
No se puede combatir la crítica, hay que dejarla fluir y seguir haciendo su trabajo como siempre.
Décadas atrás, la policía de New York realizó una huelga en demanda de mejoras salariales. La misma llegó en medio de fuertes críticas de un sector de la población por algunas intervenciones catalogadas como “de violencia excesiva” y pidiendo ejemplificadoras” para los policías. La huelga duró pocas horas porque el índice de criminalidad se disparó, se duplicaron los homicidios, las calles fueron tierra de nadie y, los mismos que criticaban la mano dura policial fueron los primeros en pedir represión para los delitos. ¿Qué cambió en menos de tres horas?, que ahora, las víctimas eran los antes que criticaban enardecidamente.
Paradojas del destino: de las críticas por mano dura y violencia injustificada al pedido de represión inmediata, pena de muerte y justicia sumaria para los delincuentes. Un verdadero salto ideológico cuando el peligro lo rodea a uno mismo. O sea, una incoherencia.
Los garantistas están siempre del lado del delincuente y sus derechos y contra todo lo que use uniforme: bomberos, policías, carteros. Pero son los mismos que dicen “a mí, que no me toquen a la familia, porque agarro un revolver y los mato a todos”, o sea, la incoherencia hecha persona.
Criticar la tarea ajena es algo que hacemos todos. Nos especializamos en “todología aplicada” y hablamos con soltura tanto del Bosón de Higgs como del uso de la línea en un incendio de interface, del ángulo de incidencia de un disparo, o como se debe hacer RCP en un paciente cardíaco.
No está mal pedir profesionalismo en los que deben darnos salud, seguridad. Si está mal utilizar la crítica cómo y cuando nos conviene.
Si nos salvan a nosotros, está bien toda acción. Si el hecho nos es lejano, “vamos a matarlos porque se lo merecen”. Vuelvo a usar la palabra: un poco de coherencia, nos vendría bien a todos


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