“HOMBRES DE METAL”: CORAZÓN DE ACERO Y ORO EN LOS BOLSILLOS


Todos los gobernantes sospechados de corruptos, incluidos los “demócratas” flojitos de papeles, y algún que otro aprendiz de déspota que anda jorobando a su pueblo, comparten una misma característica: son “hombres o mujeres de metal”. Tienen el puño de hierro para aplastar enemigos (reales o imaginarios); andan con pies de plomo evaluando conjuras en su contra; su corazón es tan duro, que parece de acero; sueñan con quedar inmortalizados en el bronce y arrasan con todo el oro que pueden atesorar.
Estos individuos tienen tan alta autoestima que no logran entender porqué el vulgo, allá abajo, en el llano, los critican e insultan en lugar de adorarlos. Son tan superiores que dan órdenes y sugerencias a los jueces que se atreven a investigarlos.
Ya lo decía Serrat en -Algo Personal-, “Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales; / resulta bochornoso verles fanfarronear/ a ver quién es el que la tiene más grande”. Y si se refieren a fortuna de dineros mal habidos, todos sin excepción la tienen bien grande. Que quede claro: los de antes procesados y los de ahora, en futuros procesos.
La ex presidente argentina, sospechada en mil y una causas de corrupción, sigue teniendo un interesante porcentaje de probables votos lo que manifiesta que a muchos no les importa si robó y cuanto, siempre que el pan y circo estuviera asegurado. Cristina es una digna exponente de las mujeres de metal.
También queda claro que si CFK tiene tanto caudal de adherentes agazapados, esperando una oportunidad, es por exclusiva responsabilidad de Macri, sus amigos empresarios, los calculadores de tarifas y los adalides del tarifaos. Todos ellos, integran el grupo de dirigentes que llegaron con la promesa de ser “la reserva moral de la Patria” y mostraron su inutilidad hasta para manejar un carrito de supermercados.
“Todo es igual, nada es mejor/ Lo mismo un burro que un gran profesor” decía el tango Cambalache sin riesgo a equivocarse.
Todos ellos “hombres de metal” con ansias de bronce y las manos y bolsillos llenos de oro.
Tal vez la historia sea benévola con ellos. En cien años, quizá los manuales digan que fueron estadistas y esclarecidos de la política. Todo es posible. Lo único malo es que usted y yo no vamos a estar para refutar a los estadígrafos del siglo XXII. O sea que, hay que bancarselos ahora, escribir ahora la historia y bajarlos del pedestal, borrando su nombre del bronce.
En algunos lugares ya se comenzó a hacer. En Ecuador, frente al edificio del Unasur, acaba de remover la estatua de Néstor Kirchner, porque los legisladores de la mitad del mundo entienden que su presencia es una apología a la corrupción.
En esta patria, el culto a la personalidad sigue avanzando sobre plazas, calles, usinas, represas, centro culturales, unidades básicas, escuelas, y todo edificio que uno pueda imaginarse. Es una costumbre de todas las sociedades que por estas pampas prolifera.
Ya habrá tiempo de revisionismo histórico que ponga y saque estatuas, que borre de un plumazo el nombre de una calle para poner el del “hombre de metal” de turno,
Mientras esto sucede, ciudadanos comunes, hombres de a pie sin historia por escribir y con el solo sueño de poder comer mañana, miran a un lado y otro, solo para descubrir que son lo mismo con distinto antifaz. Ya todos vendieron su reserva de humo. ¿Qué espejito de colores le van a vender al pueblo ahora?


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