EL RUMBO DE LA ECONOMÍA. “HAY QUE USAR ROPA SIN BOLSILLOS, PARA QUE NO TE METAN LA MANO”


EL RUMBO DE LA ECONOMÍA. “HAY QUE USAR ROPA SIN BOLSILLOS, PARA QUE NO TE METAN LA MANO”

“Habrá que usar ropa sin bolsillos, para que no nos meten la mano cuando quieran” razonaba un aspirante a crítico sin tener en cuenta que “la mano” la van a meter de cualquier manera imaginable, porque el único objetivo de este gobierno (y de los anteriores también) siempre ha sido recaudar para engrosar la caja política a cualquier costo, atacando el principal valor que tenemos (el factor mas importante de la ecuación): los contribuyentes.
Es por eso que para los economistas de ocasión, dueños de fórmulas salvadoras, solo lo que importa es el ajuste, la alícuota y la presión fiscal. De lo demás que se encarguen los entupidos que no entienden de economía, que para eso están.
Si uno escucha los conjuros alquímicos de muchos vende-humo de la economía puede marearse: enarbolan un lenguaje propio, “solo para entendidos” que dejan afuera a los neófitos, o sea, el 99,9% de la población. Son los que un día aseguraron que “estamos mal, pero vamos bien”, los que ahora reconocen con cara de ocasión que “la clase media nos perdió confianza”, y los que llegaron a decir que “estamos al borde del abismo económico…pero vamos a dar un paso adelante”. Según ellos, la receta del FMI “es necesaria” y no estamos en crisis “solo adoptamos un mal rumbo”…¡¡¡socorro, que paren el mundo que me quiero bajar!!!
Cuando los números aprietan los candidatos al ahorque son siempre los mismos: los trabajadores en general, y algunos sectores productivos en particular. El campo y la industria son dos de ellos.
“Los chacareros andan en 4×4, ganan fortunas, no sé de que se quejan” es la idea mas común entre los impulsores de retenciones varias e inventores de impuestos al agro (¿para cuando el impuesto al aire?, porque el uso de la tierra y el agua de riego ya se pagan). Por ello, y más allá de los vaivenes de amor/odio con los gobiernos de turno, los productores pocas veces salen bien parados (a no ser que se siembre soja a escala internacional, como ese productor de apellido difícil e impronunciable, que por volumen de exportación, pocas veces es afectado por las crisis).
En estas horas, los productores frutícolas de Río Colorado están en alerta rojo. La carrera en ascenso del dólar les impide comprar los agroquímicos necesarios para combatir las plagas. Si no se cumple el protocolo de fumigación la calidad y el precio de venta de la fruta van a caer de manera notable. En esta actividad productiva no hay banda de flotación que valga.
El diario Río Negro, señala que “en relación a la temporada pasada, se duplicaron los costos de cada aplicación por hectárea, donde ya se está tornando imposible cumplir adecuadamente con los cronogramas establecidos para los tratamientos. La misma crisis también abarca a todo el sector hortícola, donde los actuales valores en los productos químicos, puede llegar a incidir que algunos de ellos queden en el camino. Los pequeños y medianos chacareros están haciendo grandes esfuerzos para lograr cumplir con las tareas y algunos de ellos ya registran un fuerte endeudamiento, sin tener una previsibilidad de los precios que tendrán sus productos”
Aclara que actualmente “una pulverización normal por estos días está costando por cada hectárea de fruta un promedio entre $ 3.000 y $ 3.500, cuando la temporada pasada rondó los $ 1.000 a $ $1.500, y cada cura se debe repetir cada 14 y 21 días según las aplicaciones sanitarias que demanden los cerezos, ciruelos, durazneros, entre otras frutas”. Con estas cifras, no hay economía emergente que aguante.
La sensación que queda es que no equivocaron el rumbo económico, porque nunca lo tuvieron. “El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones” dicen: en el Ministerio de Hacienda parecen tener muy buenas intenciones pero ninguna idea válida de cómo aplicarlas para hacer la vida un poco más fácil a los ciudadanos


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