EL “DÍA DE LOS INOCENTES” NO ES UNA COSA DE BROMA, NI PARA BROMAS

EL “DÍA DE LOS INOCENTES” NO ES UNA COSA DE BROMA, NI PARA BROMAS

“Que la inocencia te valga” es la frase que remata cualquier broma pesada, liviana, cruel, ofensiva o de menor calibre (nunca inocente) que se hace cada 28 de diciembre con la intención de sorprender incautos. La fecha no es inocente: es el recuerdo de una gran matanza de infantes con la intención de exterminar al futuro rey de Judea que recién había nacido. Bromear con un hecho tan grave parece ser mas un homenaje a Herodes “El grande”, el cruel genocida que ordenó la matanza que un recuerdo emocionado de cientos de niños que encontraron la muerte antes de los dos años.
Hagamos un poco de historia. Nadie sabe muy bien cómo empezó todo, pero las bromas han sido, por mucho tiempo, una tradición en los países europeos de origen latino como España o Italia, y se trasladó hacia América Latina con las olas migratorias de los siglos XVIII y XIX. Los anglosajones tienen al 1º de abril como el “Fool’s Day” O “Día de los Tontos”. En Francia se celebraba “La Fiesta de locos” en la cual se homenajeaba al asno en que cabalgó Jesús el domingo de Ramos para hacer su entrada triunfal en Jerusalén y se considera un festejo precursor del día los Inocentes.
En el Nuevo Testamento en la versión de San Mateo se cuenta que cuando nació Jesús, el rey Herodes quiso matarlo. Al no poder encontrarlo ordenó una matanza en Belén para acabar con todos los niños menores de dos años. Fue un 28 de diciembre, según la tradición católica. O sea que no es una fecha festiva, sino todo lo contrario.
En tiempo de revisión de paradigmas parece una estupidez que se siga creyendo en tradiciones paganas de burla hacia un semejante. “Que la inocencia te valga” suena a que la estupidez te dure y pasa a ser una agresión antes que una diversión.
Si a usted se le ocurre gastarle una broma pesada a alguien durante esta jornada, piense como nació todo y que es lo que se recuerda. Tal vez su sensibilidad le impida usar la gastada ajena para la diversión propia.

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