CHAU 2018. BIENVENIDO 2019: TE ESPERÁBAMOS CON ANSIAS

CHAU 2018. BIENVENIDO 2019: TE ESPERÁBAMOS CON ANSIAS

Los seres humanos tenemos inclinación a realizar análisis, racontos, balances, estadísticas, cada vez que terminamos un período. El fin de año es uno de ellos. El fin de 2018 no es un período más.
Fue un año donde todos tuvimos que transformarnos en especialistas en economía, para saber administrar los centavos que nos quedaban después de cada tarifazo. Fue un año donde la seguridad, fue la materia pendiente de todos los gobiernos. Fue un año donde nos dividimos por la grieta de dos colores (verde y celeste) y en el que fuimos invitados “de piedra” a la crucifixión mediática (sin pruebas ni denuncia judicial) que “la colectiva” de actrices desplegó como caza de brujas, en una ficticia guerra de sexos. Fue el año en que los derechos de la mujer ganaron el espacio que se les negaba y el año que los gerontes y dinosaurios de otras épocas tuvieron que acostumbrarse a que regían nuevos paradigmas para las relaciones humanas.
2018 no fue un año fácil. Se multiplicó el número de desocupados, y los veteranos de más de 50 se desangraron en lágrimas por cada CV rechazado, que les quitaba un poquito más de dignidad y los acercaba un paso más hacia la indigencia. Fue el año del bono navideño para piqueteros y ministros, el mismo que le negaron a los jubilados a quienes condenaron a vivir en niveles de pobreza. Fue el año de los desaciertos económicos que afectaron al pueblo y beneficiaron a los amigos.
La comarca tuvo noticias buenas, malas, mejor, peores. La comarca lloró con las pérdidas de vidas, se hartó de las campañas (de pre-pre-candidatos) anticipadas, y se debatió en una crisis económica de alcances impredecibles. Pero la comarca siguió andando.
Cada pozo que tardaron en tapar fue una puteada anticipada. Cada obra irracional que encararon “funcionarios que no funcionan” fue motivo de debates de toda índole.
2018 fue un año donde las lágrimas, propias y ajenas, se metieron en nuestro vivir cotidiano para generarnos empatía con las víctimas.
Sufrimos cada día de la búsqueda de Daiana Ginaro, y nos desgarramos con el hallazgo de su cuerpo y la congoja de su familia.
Nos horrorizamos con la tragedia de llamas y dolor que acabó con la vida de Débora, Jonathan sus seis hijos: Luján de 12 años; Ayelen (11); Natacha de 7; Félix de 5; Yahir de 3; y Maximiliano de 1 año. Los Sanzana, con su muerte que pudo evitarse nos sumergieron en otra dimensión del horror social.
Los hechos que nos conmovieron se multiplican. Pero también hubo alegrías: éxitos deportivos, vecinos reconocidos por sus acciones, amistades que se fortalecieron y siguen adelante, hijos viajeros buscando su mundo que sonríen en filmaciones, desde la otra punto del mundo (quiero recordar aquí a algunos de nuestros chicos que viven en el mundo, como Marquitos Sartor que está en Italia, Ignacio Etchegaray repartiendo talento por Berlín, Andrés Alvarez Nataine y Marquitos Fernandez, mostrando en Nueva Zelandia, la calidad humana de los argentinos).
El clima nos maltrató, pero no tanto. En este final de año nos hace mirar de reojo el termómetro y consultar la posibilidad de lluvias. Todo está muy reseco y hay amenazas de incendios.
Chau 2018, no te voy a extrañar porque ya me comprometí con el 2019, que me prometió ser el año que espero desde hace mucho tiempo. Sera el año del Perro, en el horóscopo chino y según Ludovica, estaremos bien.
En el brindis de fin de año, volverán los sueños, esperanzas y promesas (por favor, no amenace con empezar la dieta el 2 de enero, porque no lo va a cumplir). Y entre garrapiñadas y mantecol, sidra y champagne, estamos seguros que se va a confundir en un abrazo con ese cuñado que soporta poco o con el tío que siempre repite los mismos chistes horribles.
Pueden quitarle cosas materiales, pero lo que nunca le quitarán es la ilusión. Esa que todos vamos a renovar con el primer minuto del año próximo.

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