Carlos Aguilar: “Con la remediación ambiental de San Antonio Oeste los amigos de Julio Devido se robaron 4 millones de dólares”


El periodista sanantoniense Carlos Aguilar cuenta a Patricio Dario en los micrófonos de LU15 cómo fue el fraudulento proceso licitatorio del proyecto de remediación ambiental de SAO que terminó con el robo de 4 millones de dólares y una obra de saneamiento ambiental que deja al pueblo en peores condiciones de contaminación que antes de iniciarse.

Desde la década del 50 hasta principios de los ’80, se conformó Mina Gonzalito, un pequeño poblado con algo más de 300 familias. Allí, en la más árida estepa patagónica, sin agua ni mínimos servicios, la actividad minera creó un pueblo de la nada. Se radicaron obreros bolivianos, chilenos, peruanos y del norte argentino, para llevar adelante la sacrificada labor. Expertos en minas llegaron desde distintos puntos del país, para sumarse a los extranjeros, conformando así un extraño y pintoresco pueblo multicultural.

Gamelas y pequeñas casas se construyeron para los obreros y otras un poco más cómodas para los profesionales y jefes. Se creó una escuela, un destacamento policial y un pequeño centro de salud.

Durante 30 años, la comunidad empezó a echar raíces. Pero pasó lo que siempre pasa con los pueblo mineros: las empresas extraen lo que necesitan, después se van y no les importa la gente.

La empresa Geotécnica cerró a principios de los 80. Mina Gonzalito es hoy un pueblo en ruinas. Sus habitantes partieron a Sierra Grande, donde se explota el hierro, o hacia las ciudades cercanas a buscar nuevas ocupaciones. Hierros crujientes que penden sobre el bloqueado socavón otorgan al lugar la lúgubre música de fondo. Geotécnica creó ese pueblo y su partida lo hizo desaparecer. No hay un alma, solamente quedan restos de casas y una mina abandonada.
Mientras tanto, en San Antonio Oeste, el legado de la firma minera fue tremendo.

Durante esos 30 años de funcionamiento, Geotécnica depositó allí, a dos kilómetros de la zona urbanizada y a pocos metros de la ría, millones de kilos de material cargado de plomo y otros metales pesados.
Recién en 1995, casi 15 años después del cierre de la mina, estudios llevados adelante por científicos de Fundación Patagonia Natural sorprendieron por sus resultados. Determinaron que en la Bahía San Antonio había niveles elevadísimos de plomo, cinc y cadmio. La mirada del campo científico de la región se dirigió hacia esa pila de escoria que depositó Geotécnica.

Cuando la comunidad supo de esos resultados, vecinos y autoridades conformaron un equipo multisectorial que comenzó a analizar la situación. Mediante un arduo y coordinado trabajo, sumado a la permanente insistencia ante los distintos organismos públicos, se logró la realización de plombemias en 200 niños de la ciudad. El muestreo arrojó que casi el 20 por ciento de ellos tenía más elevado el plomo en sangre que lo aceptado por la Organización Mundial de la Salud.

Pero llegó un día, hace menos de 2 años atrás, en que por medio de crédito del Banco Intermericano de Desarrollo de 4,5 millones de dólares, se comenzó con las tareas de remediación ambiental, para sacar todo ese material que estaba contaminando a los sanantonienses.

Hasta hoy… que el diablo metió la cola!

Para hablar sobre este tema y contarnos lo que está pasando en San Antonio Oeste, Patricio Dario entrevistó hoy para los micrófonos de LU15 al periodista Carlos Aguilar de esa ciudad… Su charla podés escucharla completa en el audio superior de esta página.

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