AUDIO: VECINOS SIN VOZ, FUNCIONARIOS SIN OÍDOS. ¿QUIEN RESPONDE CUANDO TODO SE DESMORONA?


AUDIO: VECINOS SIN VOZ, FUNCIONARIOS SIN OÍDOS. ¿QUIEN RESPONDE CUANDO TODO SE DESMORONA?

 

Pozos, pocitos y pozuelos. Parches y parchecitos. Agua de lluvia estancada o aguas servidas malolientes. Riego para que el césped esté lindo, pero apuntando a la calle para enojo de los automovilistas. Una niña que se cae de un paso a nivel y la pasarela que sigue tirada varios días después. Cráteres que se eternizan en una avenida y por las noches son trincheras de una guerra de desidia, perdida de antemano. Arreglos que nunca llegan con la rapidez de las roturas. Una bella avenida costanera donde todos dudan en transitar porque no quieren romper el vehículo en badenes sin sentido y lomos de burros suicidas. Zócalos bizarros construidos en la mitad de avenidas sin explicación ni justificación.
30 mm de lluvia no es una cantidad preocupante, pero en Viedma hace mirar al cielo a los funcionarios, rogando que no se inunde el centro. Y después del aguacero, inflan el pecho diciendo “que bien que hacemos las cosas: los desagües funcionaron a la perfección”. ¿Acaso no es su obligación que eso suceda?
En la función publica, nunca nadie conformará a todo el mundo. Contentos y enculados habrá siempre. A pesar de ello, el que asume la responsabilidad de dirigir una comunidad debe hacer lo mejor, a pesar de las críticas. Y debe saber escuchar.
Juan, vecino de las 1016 está desesperado. “Desde el lunes estamos llamando a la municipalidad, a Aguas Rionegrinas. Nadie nos atiende. Estamos rodeados de aguas servidas y no podemos salir de casa” dice con voz angustiada en la mañana de la radio. A su alrededor, el barrio se convierte en un fétido remedo de Venecia mientras nadie acude a arreglar las cloacas. “Hay niños, personas discapacitadas que tienen que pasar por el medio de esa agua” señala par agregar “ya no se a quien llamar, si a la policía, a los bomberos”.
Encarar obras faraónicas para quedar en la posteridad era algo que hacían los faraones en Egipto y les daba resultado. En los tiempos que corren, arreglar una vereda, tapar un bache, solucionar un tema de cloacas es más efectivo (y si se quiere brinda más votos) por su inmediatez y cercana visualización para el vecino, que relocalizar un basural (obra absolutamente necesaria) en un lejano lugar que pocos vecinos visitarán y casi nadie verá.
El error es pensar que se debe optar entre la mega obra o el cuerito de la canilla. Una cosa si, y la otra también.
Los estados (nacional, provincial, comunal) encaran obras y las publicitan en su gestión. Pero a la hora del reclamo vecinal por roturas, nadie se hace responsable en el reparto de culpas, y se pasan la pelota con rapidez y habilidad, poniendo cara de inocentes y señalando para el costado.
El enojo vecinal está puesto en que nadie escucha los reclamos. Y si alguien rompe el tren delantero en una calle de ciudad, una ruta nacional o un camino de ripio la respuesta del estado, indefectiblemente será caer con todo el peso recaudatorio sobre los que patalean. ¿O acaso la obligación del grabado de autopartes, no es un impuesto encubierto e innecesario que nadie puede explicar sin tartamudear?, ¿o acaso la colocación de radares móviles en rutas provinciales en el verano (con multas que superan los 20.000 pesos en algunos casos) no es una burda respuesta a las criticas que reciben diariamente por no concluir los arreglos de la ruta 22? Todo tiene que ver con todo, aunque más de uno ponga cara de inocente y mire para el costado.
Juan y sus aguas servidas, se merece una respuesta ya. Tal vez los responsables de darla se despierten de una larga siesta para darse cuenta que ya no les queda tiempo para seguir durmiendo.


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