Alegría y emoción marcan la llegada del Papa Francisco a Chile


Un ventoso Santiago recibió al Papa Francisco, ayer a la tarde aterrizó antes de lo esperado en el Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benitez, convirtiéndose en el segundo Pontífice que pisa suelo chileno. A su llegada lo esperaba la presidenta de la República, Michelle Bachelet.

Posteriormente, el Santo Padre recibió el saludo afectuosos del Arzobispo de Santiago, Cardenal Ricardo Ezzati; el Nuncio Apostólico, Ivo Scapolo, además de distintas autoridades del Estado de Chile, entre los que se encontraba el alcalde de Puente Alto, Germán Codina, quien rompiendo protocolo,  se acercó al Papa para para saludarlo.

Con especial atención el Santo Padre se dirigió al grupo de voluntarios que lo esperaban sonrientes, para darle la mano a cada uno. Luego se detuvo para escuchar a orquesta de niños “Crecer Cantando”, del Teatro Municipal de Santiago, quienes interpretaron un villancico, en la voz de la pequeña Constanza Wilson Ossandon.

En su camino hacia el centro de Santiago, Francisco fue saludado por cientos de pañuelos blancos que con alegría vitoreaban el paso del Papa móvil, el cual llegó hasta la Parroquia San Luis Beltrán, en la comuna de Pudahuel, donde el Pontífice visitó la tumba de Enrique Alvear, conocido como el “Obispo de los Pobres”. Posteriormente,  la máxima autoridad de la Iglesia Católica se dirigió hasta la Nunciatura Apostólica, donde pasará las tres noches que se encuentra en Chile.

Durante el día su segunda jornada, el Santo Padre se reunirá con la Presidenta Michele Bachelet en La Moneda, para luego presidir la Santa Misa por la Justicia y la Paz, en el Parque O’Higgins. Durante la tarde, visitará el Centro Penitenciario Femenino, y luego mantendrá un encuentro con los Obispos de Chile en la Catedral de Santiago y visitará el Santuario de San Alberto Hurtado SJ.

La foto de la tragedia

«Una imagen así conmueve más que mil palabras», señaló el Papa y explicó que la había encontrado de casualidad y que lo había impactado profundamente, por lo que la quería compartir.

Ya en días pasados el Osservatore Romano había dado la noticia. Se trata de una fotografía instantánea, que fue tomada por el estadounidense Joseph Roger O’Donnell, que había sido enviado después de las explosiones nucleares a Hiroshima y Nagasaki. Retrata a dos niños: uno parece dormir llevado a espaldas del otro. En realidad está muerto. El hermano que lo lleva refleja un rostro cargado de sufrimiento y perdido en dolor. Está esperando que lo cremen.

Respondiendo a la pregunta de una periodista sobre sus temores ante una guerra nuclear, Francisco respondió: «Sí, de verdad tengo miedo. Estamos en el límite. Basta un accidente para desencadenar la guerra. A este paso, la situación correr el riesgo de precipitar. Por lo tanto, hay que destruir las armas, empeñarnos en el desarme nuclear».

(Francisco en Chile, 24horas)

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